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Pradas pasa a la ofensiva y aporta munición por primera vez a la jueza de la dana para ir a por un Mazón aforado

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El abogado de Salomé Pradas, el letrado Eduardo de Urbano, trató varias veces de que su clienta aflojara. Sin éxito. No pasó desapercibido para nadie. El careo entre la exconsellera investigada y el exjefe de gabinete de Carlos Mazón supuso la segunda comparecencia de Pradas ante la jueza de la dana, pero la primera en la que apuntaba directa y abiertamente al expresident de la Generalitat. La imputada definió a José Manuel Cuenca, situado a su lado en la sala de vistas del Palacio de Justicia de Catarroja, a poco más de un metro, como una “extensión del president”, según la reconstrucción del careo elaborada por elDiario.es con varias fuentes presenciales. Pradas repitió un par de veces: “Aunque me ponga caras mi abogado…” antes de entrar al trapo y desmentir taxativamente al exjefe de gabinete de Mazón; es decir, a la “extensión” del expresident, actualmente aforado al seguir de diputado autonómico del PP tras su dimisión en favor de Juan Francisco Pérez Llorca.

La exconsellera, investigada en el procedimiento, dijo que notó en el Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi) del 29 de octubre de 2024, trágica jornada que dejó 230 fallecidos, una “persuasión repentina” por parte de José Manuel Cuenca para que se frenara una medida concreta que se debatía en plena reunión: el confinamiento de la población. Sintió, según manifestó en el careo, que los mandamientos que le llegaban de Cuenca en WhatsApp provenían de “un tercero”.

Pradas ironizó sobre alguna de las expresiones usadas por José Manuel Cuenca en los mensajes de WhatsApp que le envió: “Pide calma, ahí de calma no había nada, había una intensidad muy dura y fuerte y le dije que el confinamiento se podía por la Ley de Emergencias”.

Durante la tarde, mientras Mazón compartía mesa y mantel en un reservado del restaurante El Ventorro con Maribel Vilaplana, alargaba la sobremesa y acompañaba a la comensal hasta un aparcamiento cercano, Salomé Pradas trató de priorizar el “contacto directo” con el president, pese a que a última hora de la mañana el jefe de gabinete le había pedido que cualquier mensaje que tuviera que hacerle llegar pasara por él.

Cada uno tenía su versión de los hechos: Cuenca explicó que se lo dijo porque Carlos Mazón encaraba los dos últimos actos de la mañana (ajenos a la dana) de su agenda pública y Pradas, por el contrario, no captó ningún límite temporal, según relató.

La jueza intentó que se aclarara el entuerto. A pesar de estar ambos sentados frente a la magistrada, en numerosas ocasiones dialogaron entre ellos, girándose para interpelarse directamente, especialmente la exconsellera Pradas.

—Por partes, dice Cuenca que no me dio orden de no molestar, pero implícitamente lo entendí así, es decir ‘no contactes con él y contacta conmigo’. No me acotó temporalmente esa instrucción, no me dijo mediodía, ya estábamos a mediodía.

—Salomé, te dije ‘entre actos’, luego no puedo decir ‘no le llames’ y menos a un conseller. Yo traslado que está entre dos actos. Lo que puedas interpretar es otra cuestión, yo no trato de ir más allá, y además yo no he recibido ninguna instrucción de que ‘no me moleste nadie’ por parte de Mazón. Yo eso no lo tengo. Yo solo lo limito a los actos. Porque es así como yo lo traslado. No sé como lo interpretas.

—Yo no tengo que interpretar, se me dice que está entre actos, que cualquier cosa a mí. (…)

—En ningún momento pretendí que no se comunicara con Mazón y que tuviera que pasar por mí.

José Manuel Cuenca, una “extensión” de Mazón

Tras este diálogo, la exconsellera rompió a llorar e insistió en que ella estuvo en todo momento al pie del cañón, “preocupada e intentando hacerlo todo lo mejor posible”. Sobre el polémico ágape en El Ventorro, Pradas afirmó: “Yo no sabía lo de la comida, si lo llego a saber le llamo más veces”.

Pradas definió varias veces a quien tenía a su lado como una “extensión” de Mazón y asumió que era su “obligación” como consellera “informar” al president de la situación. “Todo lo que entendía que era importante que conociera Presidencia se fue informando”, dijo Pradas.

La exconsellera amplió algo más la definición de “extensión” del president: “Por encima de mí tenía solo a Mazón, pero por ‘economía procesal’ delegaba en Cuenca”.


José Manuel Cuenca, exjefe de gabinete de Mazón, accede al Palacio de Justicia de Catarroja.

Cuando hizo falta nombrar a un gerente en la empresa pública SGISE, que dependía del departamento de Emergencias, Pradas se reunió con José Manuel Cuenca, explicó a modo de ejemplo. “No me reúno con Mazón, sino con Cuenca y con el candidato (…). Cuando yo hablaba con él es porque él tenía indicaciones de Mazón”. “Yo traslado información”, terció a continuación el aludido.

La “instrucción” de Cuenca de no molestar al president (recibida a las 13.19) le “sorprendió” y más después de haber “trasladado” que había dos alertas hidrológicas activadas (en el barranco del Poyo y en el río Magro).

Durante la larga sobremesa y posterior paseo de Mazón al aparcamiento donde Vilaplana había dejado su vehículo, el interlocutor preferente de Salomé Pradas fue Cuenca. También se cruzó llamadas —“cortas”, según ha detallado— con el entonces secretario autonómico de Presidencia, Cayetano García Ramírez, a cuenta de los reparos del Palau sobre un posible confinamiento.

La sombra de “un tercero”

José Manuel Cuenca se escudó en el careo ante la jueza en que a García Ramírez le entraron “dudas jurídicas” al considerar que una medida así en toda la provincia de Valencia podía contravenir derechos fundamentales. El alto cargo recelaba, pero la Abogacía de la Generalitat, tras ser consultada, avaló de plano la opción del confinamiento, según un reciente informe incorporado a la causa.

Pradas, en todo caso, pensó que el jefe de gabinete le hablaba en boca de otra persona, aunque dijo que no atendió a los requerimientos u órdenes de Cuenca: “Pienso que me traslada lo de un tercero”. Por otro lado, según destacó varias veces, cuando sintió esa presión ya se había decidido enviar el Es-Alert; la discusión con Presidencia se centraba en la posibilidad de confinar a la población.

La exconsellera resumió así su sensación aquella aciaga jornada, ante los reparos de Cuenca a su versión de los hechos:

—Me sentía como en un intento de persuasión, pero no le hice caso ni por la mañana ni nunca.

—Yo lo que no pretendo es tomar decisiones.

—Si yo no le hacía caso, pero me gustaría saber de dónde venía.

Mazón llega al Cecopi y “se pone al frente”

Los mensajes con Cuenca pararon abruptamente a las 20.22: “Coincide con la llegada de Mazón a partir de ahí ya ni mensaje ni llamada y todo se centraliza en Mazón, que asume mi rol”, explicó Pradas. La exconsellera coincidió con la declaración de un testigo clave de los hechos, el subdirector general de Emergencias, Jorge Suárez. “Mazón se pone al frente de director institucional de la emergencia”, manifestó Pradas en el careo.

La exconsellera también deslizó algún rejonazo suplementario al exjefe de gabinete de Mazón, a cuenta de la dialéctica entre transparencia y opacidad a la hora de encarar la instrucción de una macrocausa sensible que investiga 230 presuntos homicidios imprudentes: “Mi móvil está como el mismo 29 de octubre, no se ha borrado nada”, espetó Pradas ante un testigo que borró sus mensajes de WhatsApp con Mazón.

El fiscal le pidió a Cuenca que explicara el baile de teléfonos corporativos que usó en su etapa como secretario autonómico (“ya que se ha hablado de los terminales”, aprovechó el representante del Ministerio Público). A pesar de las protestas del letrado de Pradas, el fiscal consiguió que el testigo arrojara algo de luz sobre los teléfonos.

El último móvil de Cuenca: “O lo pierdo o se me sustrae”

La explicación algo enrevesada de Cuenca reveló que el último de los móviles corporativos que usaba le desapareció al volver en tren de su comparecencia en la comisión de investigación sobre la dana del Congreso, el pasado 1 de diciembre.

“O lo pierdo o se me sustrae”, afirmó. No aportó más detalles al respecto. En cualquier caso autorizó que se intentaran recuperar los mensajes de WhatsApp borrados tras el formateo del teléfono.

El careo se cerró con un revelador diálogo entre Cuenca y la magistrada: “Yo nunca recibí una orden en nombre del presidente”, afirmó el primero. La segunda le dijo que el objetivo de la causa era más bien “dilucidar si era intermediario”. “Yo nunca fui intermediario”, contestó José Manuel Cuenca.

La jueza nunca ha escondido sus cartas. Tras el careo, cuenta con más munición indiciaria para ir a por el expresident aforado.

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