
¿Cómo es que el alto al fuego en Gaza es tan inestable? ¿Es inevitable? ¿Por qué Hamás, tras recibir permiso de Trump para actuar temporalmente como policía en Gaza, está librando una batalla contra unas milicias que intentan controlar los campos de desplazados? ¿En qué medida el no-desarme de Hamas está condicionando la entrada de la ayuda humanitaria? ¿Cómo plantear el tema de que se necesita una policía que ponga orden en un contexto tan complicado como Gaza, donde la mayor parte de su población vive en campos de desplazados?
Estas son algunas de las preguntas que surgen cuando se lanza un plan de paz como el de Trump, sin haberlo discutido y concertado previamente con todas las partes afectadas, y por tratarse, no de un proyecto de acuerdo de paz, sino simplemente una “hoja de ruta”, que es algo muy diferente. Las hojas de ruta son esquemas simples, en forma de gráficos secuenciales y que se pueden redactar en muy pocas páginas, que permiten a las personas que han de empezar una negociación, visualizar los grandes ejes de lo que será después, ya de forma mucho más elaborada, la “agenda” de la negociación, que siempre conviene que sea muy detallada y tenga un lenguaje clarificador, no sujeto a diversas interpretaciones. Las hojas de ruta las pueden presentar una de las partes del conflicto, el país u organismo mediador, o incluso entidades académicas especializadas en ello. Yo mismo he realizado varias, pero para que luego las partes decidan si les interesan total o parcialmente, o desecharlas por completo. Repito que no es una propuesta de acuerdo, sino únicamente una invitación a pensar el tipo y el orden de las actuaciones que luego tendrán que desarrollarse en la mesa de negociación.














