Sin lugar a dudas, Luis Enrique es uno de los mejores entrenadores del mundo. El técnico asturiano llevó la pasada temporada al Paris Saint-Germain a alcanzar la gloria, logrando todos los títulos posibles y, entre ellos, la primera Champions League de la historia del club parisino después de golear al Inter de Milán en la final.
Pero más allá del excelente trabajo que está realizando al frente del PSG, ‘Lucho’ tiene una dilatada y exitosa carrera a sus espaldas. Sin ir más lejos, Luis Enrique dirigió al FC Barcelona que conquistó un triplete con la MSN (Messi, Suárez y Neymar) al frente del ataque. También fue seleccionador de España y entrenó al Barça B, a la Roma y al Celta de Vigo.

Luis Enrique, durante la final de la Supercopa de Francia entre PSG y Marsella /EFE
Precisamente, el banquillo del conjunto ‘celeste’ fue la primera aventura de Luis Enrique en LaLiga. A pesar de no tenerlo nada fácil al inicio, sobre todo por la dinámica de un equipo que había sufrido mucho en la temporada anterior, el entrenador asturiano supo construir un equipo con gran identidad y que tenía el buen juego por bandera.
En el Celta coincidió con Augusto Fernández, actualmente ya retirado, quien se refirió al entrenador asturiano en una entrevista para ‘Offsiders’. “Me tuve que reinventar con la llegada de Luis Enrique. En vez de extremo, me empieza a meter de interior. Empezamos mal, me acuerdo que a nivel metódico, entendimiento del juego puro y duro, de saber qué hacer, cómo y para qué, empecé a interpretar mucho mejor con Luis Enrique. Fue muy duro. Para un equipo que viene de salvarse es complicado. Nos va muy mal al principio y veía que no lo entendíamos, que era todo forzado”, explicó.

Augusto Fernández persigue a Messi durante el Barça-Celta /EFE
“Fui a Luis y le digo ‘mister, no entendemos. Agarraste un equipo que se salvó del descenso y no entendemos. Siento que pensamos lo que tenemos que hacer dentro del campo y estamos otra vez en descenso. Cojo la pelota y estoy pensando que movimiento hace el otro y a partir de ahí que hacer yo’. Se lo planteo y le digo que nos estaba robotizando, que no éramos ordenadores. Él me dijo que el peso era de él. Seguramente ni se acordará. Me dijo que mantuviera la cabeza, que mantuviera el vestuario enfocado y que iba a llegar un punto que lo íbamos a naturalizar. A partir de que así fuera íbamos a dejar de pensarlo y mejorar mucho como equipo. Me convenció y se dio”, agregó.
Lo cierto es que el Celta de Vigo acabó noveno esa temporada y jugando muy bien al fútbol: “Era un juego de posesión agresivo, que tenía un fin. Empiezas a entender la superioridad numérica, él quería hacerlo desde el portero… Al principio digo ‘qué hace este loco que el portero tiene la pelota como si fuera uno más”. “Es la demostración de que muchas veces no es la idea en sí, está en cómo te lo hace creer el técnico. Si te lo hace creer vas a ir a muerte con esa idea. Por eso es bueno el diálogo, en como expreso lo que yo quiero. Hacerlo sin imponer, que sea sentido. Si no el jugador lo detecta y no se lo cree. Terminamos en una buena temporada”, señaló el exjugador argentino.














