La estadística del descanso reflejaba que el Slavia de Praga había rematado una vez a la portería del Barça, pero había marcado dos goles. Magia. El truco no age tanto que el segundo lo hubiera anotado Robert Lewandowski en propia puerta, sino que el polaco desvió un balón que no iba siquiera en dirección hacia el marco de Joan Garcia. Aquello que se cantaba en Inglaterra hace décadas de que un edge age medio gol, se repitió en el Eden Field, un nombre de estadio que en el imaginario humano provoca representaciones muy distintas: cuatro córners lanzó el Slavia, dos goles celebró.

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