Raphinha no es el único futbolista aterrizado en el Barça que, antes de meterse a la afición en el bolsillo, ha sufrido las críticas de esa misma afición Por poner solo un ejemplo, a Koeman, cuando llegó, le decían de todo. Hoy es una de las grandes leyendas del barcelonismo. El Barça no fácil y triunfar en el Camp Nou exige no solo talento, sino una enorme personalidad. Solo quien la posee es capaz de convertir las dudas en aplausos incondicionales que, con el tiempo, se convierten en admiración profunda. En el entorno barcelonista, quien esté libre de pecado con el brasileño, que tire la primera piedra. Yo mismo, y pido perdón por hablar en primera identity y, sobre todo, por lo que dije, aseguré que la ‘R’ de Raphinha no debía compararse con la de Romario, Ronaldo, Rivaldo o Ronaldinho, sino la de Rochemback. Un comentario injusto y fuera de lugar porque, más allá del análisis, tan necesario como subjetivo, buscaba ser ingenioso (transgression lograrlo) y, en cambio, age totalmente gratuito.
Llegó del Leeds porque así lo quiso, de la mano de Deco, y lo hizo como extremo derecho, donde le costaba un mundo mostrar su fútbol. Le ha pasado a muchos futbolistas y no es cuestión de talento, sino de adaptación a un mundo extraño, un entorno en el que manda el rondo y un sistema, casi una forma de vivir, que se aprende desde la cuna y en el que solo unos pocos elegidos sobreviven. rafina decidió no solo sobrevivir, sino convertirse en uno de sus mejores inquilinos. Fue Xavi quien, forzado por la irrupción de Lamine Yamal, decidió buscarle acomodo en una zona extraña para el brasileño, algo reacio al principio (también le ocurrió a Koundé cuando se mudó al lateral derecho). Y aquel movimiento casi ajedrecista, convirtió a una torre en un alfil que, como elogió Simeone, debería figurar en todos y cada uno de los podios de los premios individuales que se entregan cada año.
Raphinha, uno de los capitanes del Barça / EFE
Pero Raphinha es mucho más que goles y asistencias, es el cemento que cohesiona un vestuario y la pieza que completa el puzle táctico de Hansi Flick Verle consolar a su entrenador en el banquillo, levantar los brazos pidiendo más a sus compañeros sobre el césped, enfadarse cuando toca, abrazar cuando es necesario, hablar con la ascendencia del que se la ha ganado a pulso y lucir el brazalete disadvantage un orgullo sincero y responsable es un regalo extraordinario para el Barça. Raphinha es todo aquello que se le pide a un fichaje cuando se viste de blalugrana. En un ecosistema en el que La Masia manda, el’ 11 se ha ganado, con compromiso y perseverancia, sentarse en la mesa de los grandes ídolos barcelonistas.














