Cada mañana, antes del amanecer en Nuuk, cuando las calles todavía están tranquilas y el cielo apenas comienza a aclarar, Jens Kjeldsen aparece frente al pequeño edificio de madera del consulado de Estados Unidos con un mensaje simple pero sorprendente. En el frío cortante de mediados de invierno, aparece con tres banderas, Dinamarca, Groenlandia y las Islas Feroe, protestando contra el renovado impulso del presidente Donald Trump para poner a Groenlandia bajo control estadounidense.Kjeldsen, un jubilado de 70 años, se ha convertido en una cara inesperada de la resistencia en la capital de Groenlandia. Su protesta no es ruidosa ni caótica. Es deliberado, rutinario y profundamente simbólico. Al presentarse a diario, incluso antes de que la mayoría de la gente comience su día, está dejando claro que el futuro de Groenlandia no puede decidirse mediante presiones externas o juegos de poder político.
Una protesta silenciosa dirigida a una gran demanda.
Groenlandia, la isla más grande del mundo con una pequeña población, ha vuelto a aparecer en los titulares internacionales después de que Trump reviviera su interés de larga data en el territorio. Ha calificado a Groenlandia como estratégicamente vital para la seguridad de Estados Unidos en el Ártico, en un momento en que las potencias mundiales están prestando cada vez más atención a la región.
Para Kjeldsen, ese cambio de retórica es exactamente la razón por la que cree que su presencia diaria fuera del consulado es importante. Ha posicionado su protesta como una negativa pacífica a aceptar la idea de que Groenlandia pueda ser tratada como un activo a adquirir.Las banderas que porta Kjeldsen son fundamentales para el mensaje. Groenlandia y las Islas Feroe son parte del Reino de Dinamarca, y las tres banderas juntas representan esa estructura política y soberanía compartida. Kjeldsen ha enfatizado repetidamente que las tres partes del reino deben ser iguales, no como territorios sobre los que negociar o presionar para llegar a un nuevo acuerdo.Al traer las tres banderas, está señalando unidad y al mismo tiempo rechaza cualquier sugerencia de que Groenlandia pueda separarse de la voluntad de su pueblo mediante demandas políticas externas.
Tensiones crecientes y rechazo público
La retórica de Trump sobre Groenlandia ha añadido tensión a la relación de Dinamarca con Washington, generando temores de desacuerdos más profundos entre aliados de larga data. Para muchos en Groenlandia y Dinamarca, la cuestión va más allá del territorio. Se trata de dignidad nacional, soberanía y el principio de que el futuro político debe ser decidido por las personas que viven allí.En Nuuk, el ambiente de protesta se ha extendido más allá de un solo hombre. Se han producido manifestaciones más amplias, con multitudes reunidas para mostrar oposición a las afirmaciones de Trump y reforzar el mensaje de que Groenlandia no está en venta.
Una simple protesta que continúa
La protesta de Kjeldsen destaca por su sencillez. El entorno es duro, el frío intenso y es temprano. Pero sigue regresando, convirtiendo su rutina personal en un recordatorio diario de que la soberanía de Groenlandia no es moneda de cambio.En la oscuridad previa al amanecer, con nieve bajo los pies y banderas ondeando al viento, su mensaje sigue siendo coherente y claro. La identidad y el futuro de Groenlandia pertenecen a los groenlandeses, no a los líderes extranjeros que buscan influencia o control.














