Si has estado aferrándote a tus números de la suerte, mientras el premio mayor de Powerball alcanza los $1,250 millones de dólares, no está solo. En todo Estados Unidos, millones de jugadores revisan boletos, analizan estadísticas y se preguntan si esta vez la fortuna podría cambiarles la vida.
Sin embargo, más allá de las cábalas y patrones aparentes, la matemática sigue siendo la misma: ganar el jackpot continúa siendo extremadamente improbable.
Este miércoles, a las 11:00 p.m. (ET), se realizará el sorteo en el que se extraerán 5 bolas blancas y una Powerball roja desde una máquina en Tallahassee, Florida. La expectativa es alta porque el pozo creció tras 42 sorteos consecutivos sin un ganador del premio mayor, una racha que impulsó el acumulado hasta convertirlo en el sexto premio más grande en la historia de Powerball.
El interés no es casual. El último jackpot histórico, de $1,800 millones, fue dividido meses atrás, reiniciando el ciclo de acumulación que ahora vuelve a captar la atención nacional. En ese proceso, proliferaron supersticiones, análisis estadísticos y teorías sobre qué números “salen más” y cuáles parecen completamente olvidados por el azar.
Un análisis del Daily Mail, basado en los sorteos fallidos desde septiembre, identificó ciertos patrones estadísticos, al menos sobre el papel. Entre las bolas blancas, 6 números se repitieron con mayor frecuencia que el resto: 3, 28, 29, 32, 53 y 66. El 28 blanco fue el más llamativo, al aparecer en aproximadamente uno de cada 4 sorteos durante este período.
La Powerball roja también mostró preferencias aparentes. Los números 1, 19 y 23 fueron sorteados 4 veces desde principios de septiembre, convirtiéndose en los más frecuentes entre las bolas rojas en esta racha sin ganador.

En contraste, otros números atraviesan sequías notables. Las bolas blancas 21, 23, 25, 35 y 63 no aparecieron ni una sola vez en los 41 sorteos analizados. El caso más extremo es el del 21 blanco, que no se ve desde el 16 de julio, lo que lo convierte en el número blanco con la ausencia más prolongada.
Del lado de la bola roja, los números 6, 8, 13, 17, 24 y 25 estuvieron completamente ausentes durante septiembre. El 17 rojo apareció por última vez el 6 de septiembre, mientras que el 13 rojo no sale desde el 31 de mayo, la racha fría más larga entre todos los números del juego.
Aun con estos datos, expertos y autoridades de lotería insisten en que cada sorteo es un evento independiente. En otras palabras, que un número haya salido muchas veces o no haya salido en meses, no aumenta ni reduce sus probabilidades reales en el siguiente sorteo.
Las probabilidades reales detrás del premio mayor de Powerball
La realidad matemática es contundente. Las probabilidades de ganar el premio mayor de $1,250 millones son de 1 entre 292,2 millones, según cifras oficiales de Powerball. Se trata de una posibilidad tan remota que supera, por ejemplo, las chances de ser alcanzado por un rayo a lo largo de la vida.
Las probabilidades mejoran cuando se consideran premios menores. Ganar cualquier premio tiene una probabilidad aproximada de 1 entre 24,9. Acertar únicamente la Powerball roja paga $4, con probabilidades de 1 en 38,32. Adivinar los cinco números blancos, sin la Powerball, otorga $1 millón, con probabilidades de 1 en 11,6 millones. Un premio de $50,000 equivale a una probabilidad cercana a 1 entre 913,000.
Para quienes buscan cualquier ventaja, por mínima que sea, el supervisor de lotería Dan Nettles recomienda evitar la selección automática o Quick Pick. “Siéntese y llene el boleto manualmente”, aconsejó en declaraciones citadas por el Daily Mail. Según Nettles, los boletos generados por computadora pueden repetir combinaciones con mayor frecuencia, lo que reduce la cantidad de entradas únicas en circulación.
Esa repetición, sostiene, podría afectar a los jugadores que persiguen el jackpot, ya que menos combinaciones distintas implican más probabilidades de compartir un eventual premio mayor.
A pesar de advertencias y estadísticas, la fiebre por Powerball no se detiene. Para muchos, el boleto representa más que una apuesta: es la posibilidad, aunque remota, de imaginar una vida distinta. Al final de la noche, como siempre, alguien terminará $2 más rico… o $1,250 millones más rico.
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