La creciente carrera espacial ya no solo es un asunto de ciencia, turismo o competencia entre multimillonarios, ahora también es un tema de seguridad aérea comercial.

La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) emitió una advertencia formal a las aerolíneas por los riesgos que representan los desechos espaciales generados durante lanzamientos fallidos o reentradas de cohetes, yoos cuales pueden caer en rutas utilizadas por vuelos comerciales.

El aviso, conocido como Safety Alert for Operators (SAFO), fue difundido un año después de un incidente que encendió todas las alarmas: la explosión en pleno vuelo de un Starship de SpaceX sobre el Caribe. Miles de fragmentos del cohete cayeron entonces a poca distancia de 3 aeronaves, 2 vuelos comerciales y un jet privado, creando una situación de alto riesgo que pudo haber terminado en tragedia.

La amenaza que viene desde arriba

“Con el aumento de las actividades de lanzamiento y reentrada espacial, existen posibles interrupciones y peligros para el tráfico aéreo, incluidos fallos catastróficos que pueden generar desechos en la atmósfera”, advierte el documento de la FAA. El mensaje es claro: el cielo ya no es solo territorio de aviones, sino también de una industria espacial en plena expansión, y ambas ahora deben convivir.

La alerta insta a las aerolíneas a capacitar a sus tripulaciones para que puedan reconocer y reaccionar ante estos riesgos. En caso de un accidente espacial, los restos de un cohete, que pueden incluir piezas metálicas, tanques presurizados o fragmentos a alta velocidad, podrían reducir de manera significativa la seguridad de los vuelos.

¿Qué son las “Debris Response Areas”?

Uno de los conceptos clave introducidos por la FAA son las llamadas “Debris Response Areas”, o áreas de respuesta a desechos. Se trata de zonas del espacio aéreo que se delimitan inmediatamente después de un incidente durante un lanzamiento o reentrada, con el fin de proteger a las aeronaves de posibles impactos.

Sin embargo, el organismo reconoce que los fragmentos no siempre se comportan de forma predecible. Los desechos derivados de anomalías en los lanzamientos pueden extenderse más allá de las áreas designadas, lo que obliga a los pilotos y operadores a extremar la precaución incluso fuera de los límites oficiales.

En caso de algún incidente durante un lanzamiento espacial, la realidad es que no se puede tener el control total de cómo se comportan los desechos. (Foto: John Raoux/AP)

Impacto directo en rutas y operaciones

La FAA no se limita a advertir: también ofrece una guía práctica para las aerolíneas. Entre sus recomendaciones principales están la consulta permanente de los Notam (avisos a los aviadores) y de los planes de gestión del espacio aéreo vinculados a lanzamientos y reentradas.

Estos avisos permiten a las aerolíneas evaluar con anticipación cómo una actividad espacial puede afectar una ruta programada. En algunos casos, puede ser necesario desviar vuelos, aceptar retrasos o incluso cancelar operaciones si el riesgo es demasiado alto.

Por esa razón, la FAA también pide planificar una reserva adicional de combustible, pensando en posibles esperas en vuelo o desvíos inesperados, así como identificar aeropuertos alternativos donde las aeronaves puedan aterrizar de forma segura si la situación lo requiere.

Una industria espacial que se multiplica

El trasfondo de esta alerta es el crecimiento explosivo de la actividad espacial comercial. Lo que hace una década era un sector relativamente pequeño, hoy se ha convertido en una industria que realiza cientos de lanzamientos al año.

Las cifras de la FAA lo ilustran con claridad. En 2015, Estados Unidos supervisó apenas 14 lanzamientos o reentradas. Para 2022, el número subió a 74. En 2023 alcanzó 113, y en 2024 llegó a 148. Pero lo más llamativo es lo que viene: de aquí a 2034, la agencia prevé que deberá monitorear entre 200 y 400 operaciones al año, con escenarios que van desde un mínimo de 259 hasta un máximo de 566.

Este aumento no depende solo de SpaceX, la empresa de Elon Musk que lidera el mercado con sus cohetes reutilizables. También influye la entrada de competidores como Blue Origin, la compañía fundada por Jeff Bezos, que planea intensificar sus propios lanzamientos orbitales y suborbitales.

El accidente del Starship sobre el Caribe marcó un antes y un después. Aunque no se produjo ningún impacto directo sobre un avión, la cercanía de los fragmentos a tres aeronaves demostró que el riesgo no es teórico, sino real. Bastaba una pequeña variación en la trayectoria de los restos para que alguno de ellos colisionara con una cabina o un motor.

Ese episodio empujó a la FAA a reforzar sus protocolos y a emitir una advertencia que, si bien no es obligatoria, sí tiene un fuerte peso regulatorio y operativo dentro de la industria aérea.

Un cielo cada vez más congestionado

Para las aerolíneas, el desafío ya no es solo esquivar tormentas, turbulencias o tráfico aéreo. Ahora también deben mirar hacia arriba y considerar lo que ocurre más allá de la atmósfera. La Safety Alert for Operators es una señal de que la aviación comercial entra en una nueva era, en la que el espacio cercano a la Tierra se convierte en un factor más de riesgo.

A medida que los cohetes despegan y regresan con mayor frecuencia, la coordinación entre la industria espacial y la aviación civil será crucial. La seguridad de millones de pasajeros dependerá, en parte, de cómo se gestione esta convivencia forzada entre aviones y naves espaciales en un cielo cada vez más concurrido.

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